Pablo y sus viajes

La memoria a flor de piel. Ruanda El País (El Viajero)
31/07/2010

Si hablásemos de otro país africano, empezaríamos por situarlo geográficamente. Al hacerlo de Ruanda primero contenemos la respiración, recobramos aquellos titulares vergonzosos, lo que sucedió y la inacción de los países occidentales, desapacibles noticieros, cuerpos en las cunetas, kilométricas filas de refugiados, rescatamos películas que trataron de explicarnos el genocidio, Hotel Rwanda (Terry George, 2004), Disparando a perros (Michael Caton-Jones, 2005), el reciente documental de David Muñoz, Flores de Ruanda. Soltamos aire. Las impresionantes crónicas de Alfonso Armada aquel maldito abril de 1994 (recogidas en sus fascinantes Cuadernos africanos). Y ahora, 16 años después, con la respiración aún agitada, la situación geográfica.

En la región (bella y funesta) de los grandes lagos. Al oeste del lago Victoria, este del Congo y del lago Kivu (el escritor zaragozano Julio Antonio Gómez tituló un poemario de 1960 Al oeste del lago Kivu los gorilas se suicidaban en manadas numerosísimas). Conocido como el país de las mil colinas, este pequeño país (de extensión similar a las provincias de Granada y Jaén juntas) soporta la mayor densidad de población africana. Miles de pequeñas colinas, un campo verde verdísimo, decenas de lagos, bosques tropicales, volcanes (al norte, junto al lago Kivu, donde ver gorilas que no se suiciden ni, al mirarnos, crean ver a alguno de la odiada manada vecina).

Ordenada Kigali

La primera vuelta por Kigali, la capital, ya nos sirve para constatar que en infraestructuras y desarrollo Ruanda parece estar por delante de la mayoría de países del África Negra. Calles asfaltadas y con aceras, tráfico relativamente tranquilo y poco ruidoso, los pilotos de mototaxis con casco y portando otro para los pasajeros, ausencia de vendedores ambulantes, prohibición de bolsas de plástico (y de ir descalzos y de cobijarse bajo techos de paja y de...). Caminando por Kigali, apartándonos de la red principal de calles, llegamos a las de tierra, y a las casas que no tendrán techo de paja pero tampoco casi nada más. La capital de un país bonito y ordenado (con mano de hierro), y con posibilidades, con mucha presencia de oenegés (quizá pretendemos lavar la culpa en las aguas del Kivu, pero menos mal) y con un futuro un pelín incierto aún. En Kigali hay hoteles buenos, restaurantes exquisitos y el Museo de la Memoria (uf, poco conciliador, pero qué fácil decirlo).

El 6 de abril de 1994 fue derribado el avión donde regresaba el presidente ruandés (y el de la vecina Burundi) de firmar la paz con los rebeldes del norte que amenazaban desde Uganda. Los radicales hutus del Gobierno -que con apoyo francés contenían a los tutsis del norte- aprovecharon para lanzar a la calle a las milicias entrenadas para aplastar a "las cucarachas tutsis". Mientras los tutsis refugiados en Uganda atacaban desde el norte, los hutus iban matando a todo tutsi sin distinción de edad. Cerca de un millón de muertos, un 11% de la población. La guerra la ganaron los tutsis del norte, actualmente en el Gobierno, y los hutus se refugiaron en Congo y Tanzania. Sólo entonces intervino Occidente, convaleciente de la vergüenza balcánica y el fracaso somalí. Cien días, diez mil asesinatos al día. Dos títulos imprescindibles para intentar algo tan difícil como comprender: Un pueblo traicionado (Linda Melvern, editado por Intermón Oxfam) y Queremos informarles de que mañana seremos asesinados con nuestras familias (Philip Gourevitch, Destino).

No preguntemos a ningún ruandés si es hutu o tutsi (esa clasificación ambigua instaurada por los belgas a principios del siglo XX), hoy está prohibido decirlo. No preguntemos por el genocidio, en cuanto un ruandés confíe en nosotros nos contará, si quiere. Mejor hagamos turismo en este hermoso país, muy seguro para el viajero.

La mayoría de las excursiones pueden hacerse manteniendo Kigali de campamento base, aunque todas cuentan con cómodos alojamientos. Lo principal, los tres parques. El de Akagera, al este, junto a Tanzania, cambia el eterno verde por el dorado de la sabana. El río Akagera, los lagos, y la sorprendente libertad para circular buscando búfalos, antílopes, cebras, jirafas, elefantes (se acercan al atardecer a beber, dicen, pero son difíciles de ver, buscarán otra orilla) y, más difícil todavía, el león, el vago rey de la selva.

El de Nyungwe es un inmenso bosque tropical al suroeste, cerca de Burundi, al sur, y al este de Congo y el lago Kivu. Pronto será repoblado con elefantes de montaña -más pequeños que sus primos de la sabana-, pero, mientras, nos conformamos con las 250 especies de árboles y arbustos ocupándolo todo, con casi 100 especies de orquídeas y 13 de primates, entre ellos, los chimpancés. Podemos escoger entre diferentes senderos, según la longitud del recorrido, por si queremos caminar apenas una hora u ocho, por si nos contentamos con el verde que te quiero verde o pretendemos seguir esa sombra saltando de árbol en árbol.

El de los Volcanes, al noroeste, es quizá el más espectacular. Bosques de bambú, bosques tropicales, volcanes de más de 4.000 metros de altitud (el Karisimbi, con sus 4.507 metros, es el pico más alto de Ruanda) y, por supuesto, los gorilas, esos gigantes cercanos. La mitad de la población mundial vive aquí, y es posible acercarse, esperar, y no mirar al macho a los ojos, ya saben cómo son los machos, podrían suicidarnos.

Hay muchos lagos, pero el mítico es el Kivu, el que comparte aguas e historia y tragedia con Congo. De Kigali a Kibuye y allí en barca a un islote. Con posibilidad de acampar y de un baño. Al otro lado, las montañas del Congo. Merece la pena acercarse a Ruanda, al este del lago Kivu.
http://elviajero.elpais.com/articulo/viajes/memoria/flor/piel/elpviavia/20100731elpviavje_7/Tes?print=1
pablo aranda © Todos los derechos reservados. Málaga 2011 web desarrollada por Logotipo Malamente S.L.